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Por: El Observatorio de la Universidad Colombiana.

 

El concepto cobró vida en decreto 1330 de julio 2019. Sistema trata de entenderlo y  CONACES devuelve programas radicados antes de la norma por este tema, pese a que decreto aún no se  reglamenta.

 

La norma 1330 dice, en sus considerandos, que “los resultados de aprendizaje son concebidos como las declaraciones expresas de lo que se espera que un estudiante conozca y demuestre en el momento de completar su programa académico”, y que “se espera que los resultados de aprendizaje estén alineados con el perfil de egreso planteado por la institución y por el programa específico”.

 

Indica que en los aspectos curriculares, el plan de estudios deberá estar “representado en créditos académicos conforme con los resultados de aprendizaje proyectados, la formación integral, las actividades académicas que evidencien estrategias flexibilización curricular, y los perfiles de egreso, en armonía con las habilidades del contexto internacional, nacional, y local orientadas al desarrollo de las capacidades para aprender a aprender”.

 

Y para ello, señala en el artículo sobre créditos académicos que “la institución deberá demostrar la existencia de los lineamientos institucionales aplicados para discriminar las horas de trabajo independiente y las de acompañamiento directo del docente, que permitan evidenciar, entre otros, los resultados de aprendizaje previstos y las posibilidades de movilidad nacional e internacional de los estudiantes”.

 

Con la nueva norma comenzó a darse un giro en la evaluación de la calidad, que estaba orientada más hacia las capacidades y procesos de las IES, para empezar a verlo en los resultados de los estudiantes.

 

Pero, ¿qué significa esto?

 

A falta de una explicación precisa al respecto, y de la incertidumbre de muchos académicos, pares y responsables de autoevaluación y registro de las IES, se han trabajado diversas ingerpretaciones, que van desde reformas a los documentos conceptuales sobre proyectos educativos, a los modelos de evaluación, a la interacción del plan de estudios con el medio profesional y, en términos muy prácticos, a lo que elpropio presidente Duque dijo durante la presentación del 1330, pero que el Ministerio y los académicos no han repetido, y es una mirada realista de lo que significa garantizar que, como producto de los resultados de aprendizaje, los egresados se ubiquen laboralmente.

 

Esto acerca más la educación superior a los discursos de organismos multilaterales que demandan una mayor cercanía entre la formación universitaria con el mundo laboral, las competencias prácticas, y el acercamiento con la formación para el trabajo.

 

Esta interpretación generó molestia entre algunos rectores y académicos, desde el momento mismo en que apareció el concepto en los escenarios de análisis previo, por considerar que es una mirada reduccionista de la formación universitaria, al enfocarla en educación para el trabajo, desconociendo muchas más externalidades y ámbitos de la formación superior.

 

La nueva concepción obliga a las IES a guardar coherencia entre los perfiles de ingreso con los de egreso, énfasis profesional de los programas y acciones de seguimiento de egresados. Y si el sistema es coherente en su norma y la realidad, esto implicaría problemas para IES muy románticas y exigentes en sus perfiles de ingreso que deben agachar la cabeza a la hora de admitir, por temas de mercadeo, estudiantes de perfiles muy diversos (al estilo Pilo Paga, hoy Generación E), y que obligaría a cambiar su desarrollo curricular.

 

Esto conlleva, también, a revisar la forma como las IES evalúan los progresos de sus estudiantes, para lo cual deberán tener evidencias, pruebas, de su aprendizaje en coherencia con los propósitos de formación. Es decir, menos “carreta” documental sobre objetivos de difícil medición y comprobación y más hechos concretos (o evidencias) que, efectivamente demuestren que el estudiante sí ha avanzado en su conocimiento, más allá de las evaluaciones teóricas (pruebas escritas, orales, prácticas, simulaciones…).

 

No se trata de “maquillar” la redacción de los documentos de formación del programa, ni la modificación de verbos y estilos de redacción de los objetivos de formación, sino de un cambio de mentalidad y disposición institucional frente al compromiso del programa y los docentes con el desempeño real de los estudiantes.

 

Los resultados de aprendizaje son distintos de los objetivos de aprendizaje. En un documento de 2016 de la Universidad de La Frontera -en Chile-, “ante posibles confusiones, es necesario precisar que los objetivos de una asignatura o proceso formativo están relacionadas directamente con las intenciones del profesor. Como por ejemplo “Presentar a los estudiantes, los principios avanzados del álgebra lineal”. En cambio los resultados de aprendizaje al ser evaluables y observables, están directamente relacionados con lo que el estudiante debe lograr, tal como “Describir los distintos tipos de mecanismos y procesos fisiopatológicos que desencadenan las  enfermedades oculares”.

 

Fuente: https://www.universidad.edu.co/que-es-eso-de-los-resultados-de-aprendizaje-y-por-que-preocupa-a-las-ies/