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Por: Padre Harold de Jesús Castilla Devoz, Cjm. El Tiempo.

 

Esta comunidad educativa es uno de los motores de desarrollo para una nación.

 

La actual crisis de la pandemia del covid-19 nos obliga a todos, familias, individuos, gobiernos, instituciones de educación superior, toda la sociedad civil en general, a hacer los mayores esfuerzos con optimismo, esperanza y coraje para continuar desarrollando el sistema de educación superior a fin de que este, como lo ha sido en los últimos 20 años en nuestra nación, siga siendo de impacto suficiente para el desarrollo y bienestar del talento humano y del bien común integral de todos los territorios que componen el país. No hacerlo sería frenar un cambio potencial fundamental para el impulso del desarrollo sostenible integral, no solo económico, sino aquel que beneficie las condiciones limitadas de los habitantes de nuestra patria y del mundo en general.

 

No podemos olvidar la misión fundamental que tienen las instituciones de educación superior, llamadas a formar un profesional coherente y consistente con una sociedad que necesita de sus competencias y habilidades, también de sus valores y principios en perspectiva de una formación integral, que aporte a las aspiraciones legítimas de una región y nación, al igual que a un mundo, donde se impulse la productividad, la competitividad y la gestión del conocimiento, la creatividad y la innovación de todo aquello que permite encontrar la respuesta a los problemas reales de los ciudadanos. Nos enfrentamos, entonces, a un reto bastante complejo al que debemos hacerle frente con el mayor discernimiento de ideas y acciones que nos posibilite seguir el camino de la educación superior en la ruta del crecimiento integral humano y social. Colombia y el mundo lo necesitan, pero de modo particular los más de 2,3 millones de estudiantes del nivel superior educativo nacional. Los estudios del Banco Mundial indican que actualmente hay un 13 por ciento del número total de estudiantes afectados a nivel global, una situación por demás preocupante.

 

Aunque el desafío que dejan las implicaciones de esta crisis mundial en materia de salud, por la pandemia del covid-19, a la educación superior (resultados de aprendizaje, calidad educativa, cobertura, generación de nuevo conocimiento a través de la investigación, capacidad tecnológica, innovación y sostenibilidad financiera) sean de una magnitud inmensa, la invitación es a seguir pensando y actuando en un sistema de educación que tiene que ser escenario de transformaciones profundas en todos sus factores, para que alcancemos la tan anhelada sociedad de las oportunidades en equidad y justicia para sus ciudadanos. Los problemas de equidad social de la nación y del mundo, ahondados ahora por esta crisis de la pandemia, no pueden ser freno para seguir apostando por la educación superior.

 

Los esfuerzos de la comunidad educativa en general en todo el mundo y en todos los niveles de la educación demuestran una vez más como esta es uno de los motores de desarrollo para una nación que a pesar de la adversidad y tiempos difíciles aprovecha y se apropia de las tecnologías de la información y la comunicación como aliadas en el proceso de enseñanza, aprendizaje y evaluación, motivando el trabajo colaborativo entre las instituciones para que las oportunidades sean para todos.

 

PADRE HAROLD DE JESÚS CASTILLA DEVOZ, CJM.

 

Rector general Universidad Minuto de Dios (Uniminuto)

 

Fuente: https://www.eltiempo.com/vida/educacion/columna-del-padre-harold-de-jesus-castilla-sobre-la-educacion-superior-490926