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Por: José Consuegra Bolívar para El Espectador.

El rector de la Universidad Simón Bolívar, José Consuegra opina en su habitual columna en El Espectador, esta vez sobre el papel de la educación en esta pandemia.

Una de las características de esta época excepcional que vivimos, con esta pandemia letal, es que nos está mostrando la realidad sin adornos ni máscaras, completamente desnuda: un mundo absolutamente desigual, con escasas oportunidades, con casi la mitad de su población total (3.400 millones de personas, según el Banco Mundial) viviendo en la pobreza. De acuerdo con la ONG Oxfam, a 2019, los 2.153 multimillonarios del mundo poseían más riqueza que 4.600 millones de personas, es decir, el 60% de la población mundial.

También a Colombia nos puso frente al espejo, exponiendo ante la mirada del mundo nuestra realidad, exigiéndonos rendir cuentas y pagar el precio del cortoplacismo y de decenios de no asumir de manera integral la atención de problemáticas sociales estructurales como la inequidad, la pobreza, la corrupción, el mercadocentrismo, la preeminencia del crecimiento económico sobre el desarrollo social y la devastación de los recursos naturales y el medioambiente, entre otros. Igualmente, han quedado expuestos antivalores sociales como la insolidaridad, la irresponsabilidad, lo mismo que fallas como la baja formación en convivencia ciudadana.

Hoy, además de controlar la pandemia y evitar más muertes, se reclama el poner en movimiento al sector productivo, promover el crecimiento económico y evitar el cierre de más empresas, entre otras acciones. En paralelo, resulta indispensable que los sistemas educativos sean moldeados bajo la mirada humanista para promover, en el poscovid, la construcción de una sociedad en el marco de la equidad, la solidaridad y la justicia.

El qué, el cómo y el para qué se educa son interrogantes que deben evaluarse y reformularse permanentemente tanto en las instituciones educativas como al interior de las familias y en todo el conglomerado social. No solo se trata de la simple estructuración de los currículos para la transmisión de información y conocimiento o responder a las exigencias y necesidades del mercado laboral sino de formar integralmente a las personas con medios para su autorrealización como ciudadanos de bien, con capacidad para el disfrute pleno de la vida, el gozo de los bienes culturales y del patrimonio científico y la participación activa en la consolidación de una sociedad solidaria, equitativa e incluyente.

En la cima de la pirámide de los intereses de la sociedad debe estar la educación integral y humanista que promueva la solidaridad, la ética, la convivencia pacífica, el pensamiento crítico y el respeto por el otro. El enfoque humanista se dirige al desarrollo personal y social del estudiante, se centra en sus potencialidades, lo estimula en la búsqueda del conocimiento al tiempo que lo impulsa a la reflexión y al análisis de los problemas éticos, además de sensibilizarlo frente a las necesidades del entorno. Es importante que los profesores sean capaces de enseñar con su ejemplo, además de su conocimiento y experiencia. A partir de estas premisas podremos forjar el camino para que los educandos sean capaces de transformarse a sí mismos y promuevan el bienestar de la comunidad.

La sociedad colombiana necesita reforzar la educación en áreas como la instrucción cívica y la cultura ciudadana, pero también promover el pensamiento propio, el análisis crítico del entorno y la búsqueda permanente del conocimiento. La lógica de que lo eficaz y útil es únicamente lo que genera una rentabilidad tiene que cambiar para dirigirse hacia la verdadera satisfacción personal y al necesario beneficio general.

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Fuente: https://www.elespectador.com/noticias/actualidad/las-instituciones-educativas-deben-cambiar-la-forma-de-evaluarse/