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Por: El Observatorio de la Universidad Colombiana.

 

Con muy poca experiencia en virtualidad, mayoría del sector sigue operando tras la crisis, pero los fuertes impactos negativos hasta ahora se comienzan a ver.

 

Un balance preliminar, en ausencia de información oficial de las IES y de datos consolidados por parte de Mineducación, muestra que los ahorros financieros de muchas instituciones les han permitido enfrentar la baja en la demanda y en los valores de matrícula.

 

Pero, el histórico encierro y el alejamiento de los estudiantes de las aulas físicas de clase aún no ha logrado que, como sistema, el sector de la educación superior haya podido articularse, ser proactivo, tomar decisiones trascendentes y reinventarse, como tantas veces y por parte de tantos expertos se pronosticó desde el comienzo del Covid 19.

 

Del rechazo a la aceptación de la virtualidad

 

Sin alternativa por el Covid, entre el 13 y el 16 marzo de 2.020, rectores y directivos de todas las IES no tuvieron opción distinta a suspender la presencialidad, en un sistema en el que más del 90 % de sus actividades se venían realizando de esta forma.

 

Sin planeación alguna, y ya comenzado el semestre académico, algunas IES adelantaron vacaciones de sus estudiantes, para organizarse, y la mayoría, en cuestión de pocos días ajustó y retomó su calendario académico para continuar la actividad a través de plataformas virtuales (Zoom, Skype, Teams…) -foto-.

 

Sin proponérselo, y en una situación nunca imaginada, de un momento a otro, todo el sistema pasó a ser virtual (así algunos lo nieguen y le den nombres distintos: presencialidad asistida, educación remota…), e inclusive todas las IES y programas académicos que, hasta entonces, habían denigrado de la virtualidad por considerar que ésta no ofrecía los mismos beneficios y calidad de la presencialidad, tuvieron que actuar así.

 

Inicialmente se pensó que era cuestión de semanas o, máximo, de un semestre y que, para julio – agosto, todo volvería a la normalidad, pero no. Pocas IES lograron realizar algunas actividades de práctica, especialmente en el sector de la salud, de forma presencial, pero la situación se extendió y a la fecha casi todo el sector continúa laborando de forma remota o a distancia y, pese al comienzo de la vacunación masiva, tampoco hay certeza que para el segundo semestre académico de 2021 el anhelado regreso a la presencialidad esté asegurado.

 

Con la curiosidad y el desafío propios de la nueva situación mundial, el sector asumió el aislamiento de profesores, directivos y estudiantes, como una opción para hallar nuevas formas de hacer las cosas.

 

Pasar de clases presenciales a virtuales, en un periodo de cuarentenas parciales, llevó a repensar la naturaleza de las relaciones sociales y el rol formativo y útil de la universidad en la sociedad.

 

En los primeros meses las agendas fueron copadas por decenas de webinars o conferencias virtuales en las que fue posible escuchar, más fácilmente y a menores costos (muchas veces gratis), a académicos y analistas internacionales que mucho reflexionaron sobre cómo la pandemia constituyó el impulso que faltaba para que la Universidad se diera cuenta de que la disminución progresiva de la demanda que venía dándose en el sector, desde antes del Covid, era un campanazo para los modelos tradicionales de educación en el salón de clases, de planes de estudios largos y recargados, de altos costos de matrícula, de pocos espacios prácticos y laborales en los currículos, de la escasa aceptación de nuevas plataformas y modalidades no formales de educación y certificación, y de la existencia de otros campos del conocimiento que modelos alternativos estaban explotando y la universidad no.

 

En cuestión de días la virtualidad como metodología – modalidad fue aceptada y valorada de forma tal que, a criterio de casi todos, si no hubiera sido por la pandemia, hubieran pasado años o décadas para que el sistema de educación superior le diera el reconocimiento debido.

 

Paradójicamente, muchas de las IES tradicionales en cuanto a lo presencial comenzaron a presentarse como expertas en virtualidad. Haber virtualizado algunas pocas asignaturas, tener una sólida plataforma tecnológica para interactuar con estudiantes o el suficiente capital y capacidad de respuesta para formar a sus profesores, las graduó como expertas en el tema, a tal punto que el Ministerio de Educación las bautizó como “padrinos” (o madrinas) para poder acompañar a otras IES que pidieron ayuda en el tema.

 

Dicho Plan Padrino, que puso a 30 IES supuestamente expertas (algunas, no todas) en el tema, a acompañar a otras 96, fue, tal vez, la única acción concreta de fomento del Ministerio en plena pandemia. Sólo el tiempo, los estados financieros y las estadísticas de matrícula, dirán cuántas de esas líderes del Plan Padrino pudieron, por sí mismas, triunfar con la virtualidad y beneficiarse de las alianzas, y cuantas de las apadrinadas lograron superar la crisis, y sostener y no cerrar programas. A la fecha se habla de cerca de 150 IES, de las casi 300 que operan, con protocolos de seguridad aprobados para el regreso gradual a la presencialidad, lo que genera una duda sobre el presente y futuro de un buen número de las otras 150, que en su mayoría son IES pequeñas, de ciudades de provincia, que ya venían con baja demanda desde antes de la pandemia, y que financieramente han enfrentado problemas para sostener nóminas.

 

Más allá de los beneficios particulares – institucionales del Plan Padrino, un año después del inicio de esta situación el sistema de educación superior colombiano se debe un serio y riguroso análisis del rol y los beneficios académicos de la virtualidad y su llegada e, indudable, consolidación para la educación. Ni el Ministerio, ni las asociaciones y menos aún las IES han abordado de frente la valoración, a manera de experiencia y aprendizaje, de esta situación y, en cambio, la preocupación se ha centrado más en tratar de mostrar (para efectos de sostener estudiantes) en los beneficios de la virtualidad o de la presencialidad, como si la educación todavía se manejara en un escenario de blanco y negro.

 

Públicas arriba, privadas abajo

 

Las cifras de matrícula de 2.020, que serán el mejor diagnóstico de la situación se tardarán en conocer. Las de 2.019, centralizadas a través del SNIES, sólo vinieron a conocerse a finales del año pasado, pero todo indica, por versiones del propio Ministerio de Educación Nacional, de ASCUN y de las IES de forma individual, que el sector presentará una contracción en la matrícula como producto de la pandemia.

 

Pero la interpretación depende desde la óptica que se mire. Las IES públicas (especialmente las universidades oficiales) han sido las más beneficiadas con los apoyos del Ministerio de Educación Nacional para subsidio de matrícula de estudiantes de estratos 1 y 2, así como de gobernaciones y departamentos para impulsar la matrícula cero y, con ello, tasas históricas de matrícula. En cambio, en el caso de las IES privadas la situación ha sido crítica en muchas de ellas. Ningún auxilio económico de parte del Estado, y obligadas a realizar importantes inversiones en protocolos de bioseguridad, equipos de cómputo y conectividad de estudiantes, funcionarios y docentes y altos niveles de deserción.

 

Un año de importantes beneficios de matrícula en la educación superior oficial presionará para que temas como matrícula cero se constituya, gradualmente, en política de Estado, con lo que este gobierno, en lo que le queda, y el próximo, recibirán la presión de los rectores del SUE, el movimiento estudiantil y profesoral, para que esto se dé, y que representa un pedido histórico y, esperanzador para la universidad pública.

 

El actual Gobierno puede mostrar interesantes resultados en educación superior, especialmente motivados por los recursos comprometidos en el Acuerdo con los estudiantes de diciembre de 2018, para levantar el paro; los beneficiarios del programa Generación E y algunos apoyos adicionales de dinero para la pandemia, aunque la experiencia Covid en el sector tristemente haya contribuido a sostener la desarticulación y no integración del mismo, y a que cuando se salga de esta crisis, ojalá más temprano que tarde, se confirme que para el Estado colombiano la educación superior parece ser únicamente una cuestión de IES oficiales y que sólo las IES privadas grandes en estudiantes y recursos financieros son las que pueden sostenerse y sobrevivir.

 

Como lo hemos advertido en El Observatorio, también sobrevivirán y tendrán protagonismo varias IES que, hasta ahora, habían sido subestimadas y vistas por encima del hombro por parte de rectores e IES que se han considerado sagradas en el sistema. Esas IES (pequeñas en algún momento), han sido las que se han podido repensar para competir y saben que en el mercado educativo, el valor, la oportunidad, la estrategia, la tecnología, el mensaje y el servicio priorizan a la hora de captar y crecer, por encima de aquellas que han presentado como sus grandes activos el nombre, los edificios, la tradición, los currículos, las alianzas y las publicaciones.

 

Más allá de lo que venía de antes de la pandemia en la agenda pública del Ministerio, y del Plan Padrino, liderado por el exviceministro Luis Fernando Pérez, quien trabajó hasta comienzos de enero de este año, en pandemia se terminó de consolidar el Acuerdo 02 del CESU, de nuevos lineamientos de acreditación que, por la misma situación del sector, no ha tenido el despliegue deseado. Tras varias semanas en el cargo, el nuevo viceministro de Educación Superior, Maximiliano Gómez, ha iniciado una gira nacional, con su equipo de directoras (de Calidad y Fomento), para conocer el estado de las IES en su regreso gradual. Por ahora, se ha recorrido Cartagena y Cali, mas no se conocen anuncios o programas concretos derivado de esto. Entre tanto, el trabajo en casa de funcionarios de Mineducación ha hecho que se aumenten las denuncias sobre la forma como se están manejando los procesos de convalidación.

 

Por ahora, la solidaridad gremial no ha sido protagonista en este año de pandemia. Se ha hablado de la solidaridad de las IES con la población afectada, algunos de sus estudiantes e investigaciones al respecto, pero no entre ellas. Cada rector, con su equipo y con su orgullo, anda encerrado tratando de sortear la situación, especialmente de demanda de estudiantes, pero también de los impactos salariales, laborales y financieros de recortar drásticamente el número de profesores (especialmente los de hora cátedra), ajustar la infraestructura de servicios y costos de operación para menos estudiantes, rediseñar metas de planes de desarrollo y cuantiosas inversiones, especialmente en edificios.

 

Cuando el sistema más los necesita, la virtualidad y estas situaciones han llevado también a que asociaciones y organismos como el CESU también comiencen a perder lustre en su gestión.

 

Las consecuencias más graves aún están por verse: Muchos profesores y trabajadores administrativos desempleados, inversiones paralizadas, riesgo de subsistencia de IES, el sector sin una política pública clara en torno de la virtualidad y su aporte a la formación, la manera como debe enfrentarse la oferta extranjera y diversas modalidades formativas, y la calidad más como un formalismo que un compromiso real del sistema.

 

En mayo de 2020 este Observatorio publicó los “125 cambios que provocará el Covid a las IES”. Un año después, valdría la pena una nueva lectura del tema para comprobar cómo muchos de estos se han venido dando y otros se están comenzando a dar. Lo más triste para el sector sería no aprender de la experiencia y las recomendaciones.

 

Fuente: https://www.universidad.edu.co/balance-de-un-ano-de-pandemia-en-la-educacion-superior-colombiana/