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Por: El Observatorio de la Universidad Colombiana.

La pandemia y las tensiones mundiales no aseguran un optimista futuro inmediato, pero ahí esta el reto de la educación superior: Rediseñar la modernidad, y los profesores son el núcleo de esta responsabilidad.

Romper los moldes y arriesgarse hacen parte de la nueva docencia.

“Demasiados de nosotros -educadores- hemos sido socializados para mantener la cabeza baja, hacer nuestra investigación, dar nuestras clases y mantenernos alejados de la controversia. El mundo se enfrenta a problemas importantes. La democracia está en juego y la educación superior tiene un papel fundamental que desempeñar. Los necesitamos a ustedes, futuros profesores, para hacer avanzar a la nación”, han señalado Laura W Perna, vicerrectora de la Universidad de Pennsylvania y William G Tierney, profesor emérito de la Universidad del Sur de California, en un llamado a que los académicos ayuden a revivir la democracia, publicado en University World News.

Para el caso de Estados Unidos (y en muchos aspectos también Colombia), el entorno de la pandemia ha venido acompañado de disturbios raciales y sociales y amenazas a los valores democráticos fundamentales, entre otros aspectos, que han llevado a que -tras un año de virtualidad no programada- muchos de los profesores dicen sentirse abrumados, estresados ​​y ansiosos. Mientras dan clase a distancia, aprenden tecnología, experimentan limitaciones en la investigación y tienen restricción en sus viajes, deben educar a sus niños en el hogar, cuidan a sus seres queridos y se ocupan de la salud y otros.

Por ello, Perna y Tierney, a manera de manifiesto, a partir de la premisa de que la educación superior es el corazón de la democracia, piden a los profesores:

• Hacer preguntas importantes. Conocer las preguntas que deben abordarse, ya sea que esté en neurociencia o sociología.

• Utilizar métodos teóricamente fundamentados y metodológicamente apropiados para abordar preguntas y desafiar las normas.

• Centrarse en la calidad y las contribuciones del trabajo, no en el simple número de publicaciones.

• Conectarse con personas fuera de la academia sobre su trabajo. Salir del capullo académico.

• Enseñar a los estudiantes cómo evaluar críticamente la evidencia y entablar un diálogo constructivo con los demás.

• Hablar con los responsables políticos, los profesionales, los periodistas y el público sobre lo que sabemos a partir de los datos y la investigación.

• Tomar riesgos. La vida académica, en su mejor momento, permite asumir riesgos intelectuales en la realización del trabajo. No hacer lo que es seguro.

Fuente: https://www.universidad.edu.co/lo-que-la-universidad-espera-de-los-profesores-en-estos-momentos-de-la-historia/