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Por: El Observatorio de la Universidad Colombiana.

El primer integrante de una familia que puede ir a una universidad tiene un reto mayor para adaptarse y triunfar, y si no recibe ayuda, es un fuerte candidato a desertar.

No siempre basta con demostrar disciplina y voluntad para sobrevivir en el medio universitario. El contexto social y la adaptación a la cultura universitaria no es fácil para quienes no han tenido padres o hermanos que ya han pasado por allí.

Esta es una de las explicaciones, en parte, de la deserción de los jóvenes reconocidos como becarios del programa de Ser Pilo Paga, y otros del programa de Generación E.

Relacionarse con jóvenes de otros estratos, edades y condiciones culturales, la adaptación a las grandes ciudades cuando se viene de municipios y del campo (el transporte, el movimiento en las calles, el transporte, la inseguridad…), la adaptación a horarios dispares, el desconocer los hábitos para aprovechar los tiempos de estudio y de investigación, los “ritos” de los compañeros (que, a veces, puede llegar a la frontera de lo ilegal o de lo insano), la forma de aprovechar el tiempo libre (generalmente alejado de la familia), el cambio de horas de alimentación y de productos a consumir, y la presión (inconsciente) de la familia para su triunfo, cuando no de represensión por ingresar a un entorno diferente al de padre y madre, entre otros muchos aspectos, constituyen una “bomba” de tensiones que atentan contra la continuidad estudiantil.

Y las universidades son, en parte, responsables de esta situación. Independientemente de sus años (no importa que sean mayores de edad), toda institución de educación superior actúa como co-formadora de un proyecto de vida, tiene estructuras de bienestar y acompañamiento y -se presume- hace una evaluación de los aspirantes para ver si estos se identifican con la institución y, posteriormente, realizan una debida inducción.

Lamentablemente, en su afán por aumentar matriculados, y de tener más ingresos, muchas IES colombianas se olvidaron de sus perfiles de ingreso y estrategias de acompañamiento, para recibir becarios de programas estatales.

Aunque la demanda educativa ha venido cediendo en los últimos años, lo cierto es que una tasa de cobertura de más del 50 % en educación superior, más toda la formación para el trabajo y el desarrollo humano, señalan que Colombia tiene una educación superior masificada, en gran parte debido a programas gubernamentales de asistencia educativa, apoyos de gobernaciones y municipios, y becas de las propias IES.

Esto significa que al sistema cada vez llegan más jóvenes de provincia y de campo, que en muchos casos son los primeros de su familia en llegar a la educación superior, y a quienes debe dárseles un acompañamiento especial por parte de las IES, porque de lo contrario desertarán pronto y tendrán la experiencia universitaria como una frustración y no una oportunidad de vida.

Estos estudiantes, también identificados como de primera generación, demandan un acompañamiento especial. La’Tonya Rease Miles, directora de Experiencia de primer año en la Universidad de California en Los Ángeles, recuerda, en un análisis de www.edsurge.com, cómo “si eres el primero en tu familia en ir a la universidad, normalmente eres el primero en muchas cosas. Si tu familia puede ser escéptica o un poco nerviosa o ansiosa por que vayas a la universidad, piensa en lo que dicen cuando les dices: ‘Me quedaré más tiempo y adquiriré más deudas”.

Miles señala que esta situación no solo se da en pregrado, sino también en doctorado. “Estoy leyendo libros todo el día, eso no se considera trabajo en la familia de donde vengo”, dice. “El tipo de trabajo en la escuela de posgrado y profesional puede sentirse muy, muy diferente al trabajo que está haciendo su familia. Y puedes sentirte como un impostor “.

Fuente: https://www.universidad.edu.co/el-necesario-acompanamiento-a-los-primeros-de-la-familia-que-van-a-una-ies/