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Por: P. Harold Castilla Devoz. Rector de la Uniminuto. Para el Espectador.

Si algo claro nos ha dejado este momento de la historia, por causa de la pandemia, es que vivimos momentos de incertidumbre ante el futuro inmediato o lo que algunos han llamado “el día después”. Colombia no ha escapado a esta realidad. Ya la evidencia empírica muestra los impactos que a la fecha la crisis nos va dejado: vidas desaparecidas, fragilidad de los sistemas de asistencia social como en salud, educación y saneamiento básico que profundizarán la pobreza y la desigualdad, ralentización del ciclo económico, precariedad del mercado laboral, con mayor desempleo e informalidad, entre otros que están por verse. Ante este panorama, se habla ahora de una reactivación prudente o de la “nueva normalidad”, sin embargo, aún quedan muchas cosas por comprender y determinar el cómo seguir.

La verdad de esta pandemia es que nos ratifica, tal vez, lo que sabíamos y dábamos por hecho, pero no con la dimensión que hoy lo vemos, y es que nada es fijo y eterno en la vida. Esto también aplica para la educación superior que, forzada por este contexto, ya no puede seguir siendo la misma. Se imponen nuevos desafíos en todos los factores requeridos para su desarrollo y trascendencia. No obstante, el escenario de mediano y largo plazo todavía no es claro.

La construcción de escenarios futuros es responsabilidad de las Instituciones de Educación Superior que, teniendo como insumo el monitoreo permanente de variables asociadas a los contagios, muertes y recuperados, por un lado, y a los indicadores macroeconómicos, principalmente aquellos relacionados con la destrucción del empleo y el comportamiento de los sectores económicos, además de las políticas y acciones gubernamentales tanto nacionales como locales, por el otro, están llamadas a ofrecer una oportunidad para planificar mejor la salida de la crisis, en un marco de referencia apropiado.

Todos los escenarios construidos pueden variar, resultado de la naturaleza sin precedentes y la incertidumbre globalmente compartida de la situación, así como el corto tiempo disponible para recopilar, procesar y publicar información, que va perdiendo vigencia en cuestión de días, inclusive horas. En esencia, los dos aspectos más significativos que influyen en la normalidad institucional son las políticas de reactivación económica y las políticas de aislamiento social, además de esa búsqueda permanente para hacerlas coexistir.

Recientemente, el “tanque de pensamiento” de McKinsey señala que la realidad de la incertidumbre se agudiza mucho más por el impacto de la disrupción causada por la pandemia en las personas y las organizaciones del mundo, y que esta dependerá de tres factores clave: la profundización de la disrupción, la duración de esta y la forma de recuperación. Finalmente, se trata de responder a tres preguntas: ¿hasta dónde caerá la demanda?, ¿cuánto tiempo va a durar la crisis? y, por último, ¿qué forma puede tomar la recuperación?.

Siendo así, las Instituciones de Educación Superior deben entonces planear e implementar acciones que anticipen y enriquezca permanentemente los varios escenarios posibles, sus líneas de tiempo e impactos sin olvidar que estos estarán condicionados por la efectividad de las políticas económicas, de salud pública y educativas que se implementen. En este contexto, siguiendo a McKinsey, cada uno de los escenarios previstos tendrá implicaciones significativas y diferenciadas en al menos cuatro dimensiones del sistema de la educación superior colombiano: enseñanza y aprendizaje, inscripción y retención de estudiantes, profesores y personal, operaciones e infraestructura. Será necesario blindarlos de manera sólida para que la calidad de la educación superior del país no se venga a menos, reconociendo los avances que se han logrado, y para que todo esto no se traduzca en un impacto complejo en la estructura de ingresos y costos de las Instituciones de Educación Superior, atentando contra su viabilidad.

Finalmente, en ese “próximo normal”, la reanudación gradual de las actividades presenciales de las Instituciones de Educación Superior debe verse como una oportunidad para repensar y, en la medida de lo posible, rediseñar los procesos de enseñanza y aprendizaje, sacando partido de las lecciones dada por el uso intensivo de la tecnología; y a su vez, cobra especial atención el cómo abordar la equidad y la inclusión social de todos los colombianos en el sistema de educación superior, de forma tal que sea realmente una oportunidad para todos.

Fuente: https://www.elespectador.com/educacion/el-dia-despues-para-la-educacion-superior-article/