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Lo anterior permite que sean las instituciones de educación superior forjadoras de alianzas y orquestadoras de objetos de aprendizaje innovadores, pertinentes y a la carta, quienes habilitarán una educación asequible que maximiza el rendimiento de la inversión que realizan los estudiantes.

Los nuevos deseos de aprendizaje ya no buscan una programación de contenidos lineales como antaño en la televisión, ahora buscan el Netflix de la educación. Es decir, ecosistemas educativos capaces de presentarles un gran catálogo de oferta formativa, con pertinencia subjetiva o mediáticamente requerida, certificaciones apilables y con vigencias predecibles. Además, que sean elegibles y preferiblemente configurables y reutilizables.

Las personas ya no buscan cursos o programas académicos tradicionales, pues centrarse en esto es asegurar el declive anticipado del sector educativo. Por el contrario, ser consciente de ello y anticiparse garantiza mucho más que la simple sobrevivencia.

Lo que la sociedad siempre ha perseguido es la formación/educación, debido a que es la manera en la que tiene la existencia asegurada. Sin embargo, actualmente busca un tipo de educación que tenga la capacidad de desestructurar, para que las nuevas generaciones puedan componer el proceso de aprendizaje.

Los estudiantes del siglo XXI no buscan títulos, busca soluciones a sus necesidades. Tampoco buscan reconocimiento, ya los títulos tradicionales son solo una certificación que valida socialmente los aprendizajes o competencias y ellos desean ir más allá.

Ya no se trata, entonces, de estudiar una o dos fases específicas (pre y posgrado) para explotar laboralmente ese conocimiento transferido. Ahora, los estudiantes están en la capacidad de buscar permanentemente conocimientos que refresquen el ser por su propia cuenta, que les permitan re-inventarse y fortalecer la capacidad de des-aprender un mundo cada vez más competitivo y global, en el que permanecer demasiado tiempo en el status quo, es sinónimo de rigidez y decadencia organizacional.

La pregunta entonces es ¿cómo la educación tradicional entregada por las universidades innova o abdica a una profunda revolución digital y cultural?, Esto teniendo en cuenta que no hacerlo es no evolucionar, y no evolucionar es estar de acuerdo a la teoría darwiniana de morir sin remedio.

Ya no se trata de solo escuchar a la sociedad, se trata de observarla, de anticiparse a lo que esta ni siquiera sabe que necesita. Lo anterior para ofrecer una verdadera experiencia educativa que reduzca las barreras geográficas, financieras y el tiempo invertido. No es la educación que necesita, es la educación que desea; y anticiparse a su deseo es el verdadero reto.

Las universidades no solo son un campus o aula virtual. Hoy juega un rol fundamental la construcción del carácter (ethos) que significa "conducta, carácter, personalidad". No solo se trata de educación virtual entregando contenidos o de un aula física reorganizada o proyectada, pues la experiencia educativa debe ser integral, permitir el networking académico o empresarial, la movilidad, la interacción lúdica, cultural y deportiva, facilitar y promover entornos de innovación, emprendimiento e investigación.

La estrategia es buscar constantemente oportunidades espontáneas, alejándose de la rigidez y de la simple administración, para encontrar la diferenciación. La autenticidad y la sofisticación marcan el éxito de las principales empresas a nivel mundial, y aunque la autenticidad es lo primero que puede ser imitado, la sofisticación permite seguir siendo únicos. Se requiere, entonces, tener una estrategia ofensiva (en lugar de defensiva) en la que la competencia no sea la obsesión, sino el ser únicos e icónicos.

En este sentido re-definir la cultura organizacional es fundamental. El orgullo organizacional debe estar latente y crear estrategias debe ser permanente.

Por: Óscar Herrera
Decano Escuela de Ingenierías TIC. Universidad Piloto de Colombia.

Fuente:http://lanotaeconomica.com.co/opinion/columnas/innovando-en-el-valor-de-la-educacion-superior.html